Después del almuerzo, nos sentamos en la sala de estar a charlar sobre mi experiencia viviendo sola. De repente, mi padre se levantó y se dirigió a un armario en la esquina de la sala y sacó un álbum de fotos y se sentó a mi lado.
"¿Quieres ver algunas fotos de tu hermano?", preguntó, abriendo el álbum.
Sentí un poco de tristeza, pero también una sensación de nostalgia. Asentí, y mi padre comenzó a mostrarme fotos de mi hermano, sonriendo y contando historias sobre él.
Mi madre se unió a nosotros, y juntos recordamos a mi hermano y compartimos historias sobre él. Fue un momento agridulce, pero también muy especial.
Después de un rato, mi padre cerró el álbum y me miró con ojos serios. "Sabes, hija", dijo, "tu hermano estaría muy orgulloso de ti".
Lo sé, dije, con un nudo en la garganta, y las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos. Asentí, sabiendo que mi hermano siempre estaría conmigo, en mi corazón.
Mi padre me miró con una sonri