Llegué a mi apartamento con el alma en un hilo y la mente agotada de tanto darle vueltas a lo ocurrido en la oficina. Tiré mi cartera sobre el sofá de diseño sin siquiera mirar dónde caía y me dirigí directamente al baño. Necesitaba una ducha fría, algo que aplacara el incendio que los besos de Rodrigo habían dejado en mi piel y que despejara la niebla de nervios que me nublaba el juicio.
Al salir, envuelta en la frescura del agua, decidí que no dejaría que la ansiedad me venciera. Puse mi li