Nicholas seguía con la mandíbula apretada, el pulso latiéndole en las sienes, ese macho había tocado a Piper.
Su nieta, la niña que había visto crecer.
La rabia lo consumía y también la desesperación, las palabras de Alexia en el pasado seguían repitiéndose en su cabeza, ni siquiera quería imaginar lo que su hijo estaba sintiendo en ese momento.
Acheron tenía al macho enemigo levantado por el cuello, con una sola mano, como si no pesara nada.
Sus ojos azules ardían con ese brillo helado