Nicholas comenzó a susurrar cerca de su oído palabras que erizaron su piel, pero no eran simples palabras.
Eran promesas que le quemaron el pecho e hicieron que sus huesos se estremecieran.
Frases tan dulces, tan inesperadamente vulnerables.
—Quiero verlo todo contigo... —murmuró él con la voz ronca, tan íntima que la piel de Alexia se erizó mientras que él acariciaba con suavidad la espalda de su pequeña niña—. Quiero ver cómo caminas con ella en brazos, cómo la sostienes contra tu pech