Sebastian se detuvo frente al escritorio de Angelina, que ya estaba apagando la lámpara de mesa.
—Angelina —saludó y ella levantó la mirada.
—Sebastian —respondió ella con una sonrisa ligera—. Supongo que estás aquí para llevar a Gemma a casa.
Asintió con la cabeza.
—¿Está ella en su oficina?
—Sí. Su último paciente se fue hace unos minutos y yo estaba a punto de irme también… así que tendrán el lugar para ustedes dos sin interrupciones —respondió con un guiño travieso, colgándose el bolso al h