—Doctor —saludó Gemma al entrar en la oficina de Corrado Carbone.
La sesión con su paciente había terminado hacía más de quince minutos, y aunque no era de las que se escondían, había tardado en decidirse a ir a ver a Corrado. Se había tomado aquel tiempo para reunir toda su paciencia para lidiar con él. El doctor Carbone no parecía precisamente un mal tipo, pero sí alguien demasiado enamorado de sí mismo, convencido de que todas las mujeres debían compartir esa fascinación. Su exceso de confia