Sebastián sonrió al ver a Gemma entrar en su oficina y le hizo un gesto para que tomara asiento.
Ella se acomodó en la silla frente a él, dejó la laptop sobre el escritorio y lo miró con determinación.
—Estoy lista para trabajar. De camino aquí estuve pensando en algunas cosas.
—Por supuesto que sí. Es como si tu cerebro nunca se tomara un descanso. Me gustaría tener la oportunidad de estudiarlo un día de estos.
—Alto ahí, científico loco. Te mantendrás lejos de mi cerebro. Solo yo puedo saber