POV: Alma
Cuando Alex entra, sé que trae algo malo.
Estoy sentada en la cama, con el contrato provisional abierto y lleno de subrayados. El bolígrafo descansa en la mesa, mirándome como si también estuviera esperando.
—Eso no parece lectura ligera —dice, señalando las hojas.
—Estoy viendo si vale la pena hipotecar seis meses de mi vida —respondo—. ¿Vienes a mejorar la oferta o a empeorar el día?
No sonríe. Mal signo.
—Te lo voy a decir directo —empieza—. La fundación te suspendió de Sonata.
La frase se me clava en la garganta.
—¿Qué? —pregunto, aunque ya escuché.
—“Suspensión temporal de tus funciones en el proyecto, hasta aclarar tu situación médica y el entorno de influencia en el que te encuentras” —recita—. Eso dice el correo oficial.
Sonata no es un simple nombre de proyecto en mi CV. Es el premio que había al final de años de becas, trabajos mal pagados y planillas eternas. No llevo tanto tiempo dentro, pero llevo media vida caminando hacia él.
Y ahora alguien, en una oficina con