Atrevidos. 2
Leo cambió las posiciones, tumbando a Aileen sobre el asiento con determinación, sin embargo, la altura y el espacio reducido de la camioneta le jugaron en contra; no estaba del todo cómodo, y el ángulo extraño hizo que Aileen lo notara de inmediato.
— ¡Jajaja! — se rio ella, divertida por la torpeza momentánea de Leo.
— ¡Bruja descarada! — exclamó él, fingiendo enojo mientras sus ojos brillaban de deseo y diversión a la vez — ¡Te vas a arrepentir de reírte de mí! — sin darle oportunidad de más