Atrevidos. 3

Al asomarse a la cocina, la vio, Eleonor estaba de espaldas, sirviendo un guiso en un pequeño cazo, con el cabello recogido en un moño desordenado y el delantal manchado, Aileen sintió que su corazón se llenaba al verla; su abuela siempre era ese refugio seguro, la única constante en medio de todo.

— Abuela. — dijo suavemente, con una sonrisa cargada de cariño.

Eleonor giró, sorprendida, y su rostro se iluminó al ver a su nieta.

— ¡Aileen! — exclamó, dejándolo todo para abrir los brazos.

Aileen
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