Atrevidos. 1
El frío de la noche se intensificó con la brisa que bajaba de las montañas, y aunque Aileen trató de disimularlo abrazándose las rodillas, Leo lo notó al instante.
— Ven, ratita. — susurró, bajando del techo primero y tendiéndole los brazos para ayudarla a bajar.
Ella no protestó, y en cuestión de segundos ya estaban dentro de la camioneta, con las ventanas ligeramente empañadas por el cambio de temperatura. Leo se quitó la chaqueta de cuero y se la puso sobre los hombros, pero al ver que ella