El silencio que siguió fue espeso, cargado.
Igor respiró hondo, conteniendo algo entre los dientes, algo que no dijo.
—¿Y qué más has recordado?
Alessandro lo miró, perplejo.
—Nada más. Solo… esa certeza.
Su padre asintió, seco, apoyándose contra el respaldo. Guardó silencio unos segundos más antes de hablar:
—Eso es suficiente para ahora.
—¿Para qué?
—Para causar un desastre. Así que no la verás, es mejor que esa niña se mantenga lejos de ti. No puedes verla, Alessandro —dijo finalmente, su vo