La lluvia golpeaba con insistencia los ventanales de la mansión Volkov. La noche se vestía de sombras largas, como si supiera que algo prohibido estaba por suceder entre esas paredes. Leonard se escabulló entre los jardines, con su abrigo empapado, y el corazón en llamas.
No podía más.
Desde que lo habían echado de la casa, desde que lo habían amenazado y habían encerrado a Anya, no había dormido una noche entera. Su alma lo llevaba de regreso a ella, como si su cuerpo supiera que solo en su ce