—No estás nada mal, printsessa —murmuró con su voz profunda y grave, recorriéndola con la mirada de arriba abajo.
Lilia sonrió con cierta timidez, pero también con un toque de coquetería. Se acercó con pasos medidos, disfrutando de la manera en que los ojos de Nikolai se oscurecían con cada movimiento de sus caderas.
—¿Esto es todo para mí? —preguntó, fingiendo inocencia.
Él esbozó una sonrisa torcida y le extendió la copa.
—Todo lo que ves... y más.
Chocaron sus copas con un tintineo suave y be