El murmullo del salón se filtraba entre los muros de la mansión de Alessandro, donde se celebraba el compromiso. Afuera, los invitados reían, bebían y bailaban, sin sospechar la tormenta que se cocinaba entre dos hombres que no podían permitirse mostrar debilidad.
Nikolai Volkov dejó su copa de whisky en la mesa y se acercó a Alessandro con una calma aterradora. A simple vista, parecía un gesto amigable, una cortesía entre futuros cuñados. Pero cualquiera que los viera de cerca notaría que entr