La fiesta seguía su curso, con la música vibrando entre las paredes doradas del gran salón. Pero para Leonard, todo era ruido de fondo. Su mandíbula seguía tensa, y sus puños aún recordaban la presión del vaso que casi destroza en su mano cuando Alessandro besó a Anya frente a todos.
Después del brindis, Leonard había salido a tomar aire, pero eso no calmó la tormenta que tenía dentro. El problema era que Alessandro lo sabía. Lo disfrutaba.
No fue una sorpresa cuando, casi al final de la velad