Anya regresó sola del balcón. Apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que Lilia la tomara del brazo y la arrastrara al baño más cercano, cerrando la puerta tras ellas.
—¡Dios mío, Anya! —exclamó, con el ceño fruncido mientras la examinaba con la mirada de una hermana preocupada—. ¿Qué demonios pasó?
Anya parpadeó, aun recuperándose de la intensidad del momento con Alessandro. Su labio estaba corrido, su respiración aún era errática, y su vestido, aunque no estaba completamente desarreglado, te