Nikolai la empujó dentro de la habitación. Lilia apenas tuvo tiempo de recuperar el aliento antes de escuchar el sonido seco de la puerta cerrándose tras ella.
Sus pasos resonaron en la penumbra, un aviso de que su ira aún ardía.
—¿Qué estabas pensando, muñeca? —su voz era un susurro peligroso.
Lilia se giró para enfrentarlo, aunque su corazón latía con fuerza en su pecho.
—No tenías derecho a prohibírmelo —espetó, intentando mantener su voz firme.
—¿No? —Él rió, pero no era diversión, era amen