El auto no se dirigió a la mansión como Lilia esperaba. En cambio, tomaron una ruta diferente, adentrándose en la parte más exclusiva y oculta de la ciudad.
—¿Adónde vamos? —preguntó, con el ceño fruncido.
Nikolai sonrió, pero no le respondió.
El vehículo se detuvo frente a una entrada discreta. Desde afuera, parecía un almacén cualquiera, pero cuando Nikolai la guió adentro, Lilia sintió que entraba en otro mundo.
Luces rojas y doradas iluminaban la estancia, reflejándose en las paredes de terc