Un trueno resonó a lo lejos. Ya era tarde y el día precioso en la playa había terminado en aquella noche de lluvia.
La tormenta comenzó con un rugido bajo en el horizonte, un aviso distante que poco a poco se convirtió en el aullido del viento y el repiqueteo de la lluvia contra los vidrios de la cabaña. Las primeras ráfagas se colaron entre las rendijas de las ventanas, y Nikolai, con una mirada severa, se levantó abruptamente del sillón donde había estado sentado, vigilante como siempre. Sin