Nais
Cerré la puerta de la habitación de invitados con manos temblorosas y me apoyé contra la madera fría, sintiendo que el aire se escapaba de mis pulmones.
Las palabras de Artem seguían grabadas a fuego en mi mente, repitiéndose como un eco cruel: “Prefiero perder al bebé antes que a ti”. No era solo el rechazo a nuestro hijo era el hecho de que me veía como una posesión que debía ser preservada a toda costa, incluso sacrificando nuestra propia sangre. Su amor se había vuelto una jaula de mi