Naia
Desperté en la penumbra por un segundo, el silencio de la habitación me engañó, haciéndome creer que todavía estaba en mi pequeño apartamento, que el despertador sonaría pronto y que tendría que ir a la clínica a llevarle flores a mi abuela pero el aire se sentía diferente. El olor a sándalo y lujo me recordó dónde estaba. Y entonces, como si el techo del búnker se desplomara sobre mis hombros, los recuerdos regresaron con una violencia física que me dejó sin aliento.
Su corazón no resis