Capitulo 18

Artem

​El zumbido constante de los motores del avión privado era el único sonido que llenaba la cabina. Miré hacia el asiento contiguo y sentí una opresión en el pecho que no lograba sacudirme.

Naia estaba profundamente dormida o quizás, simplemente su cuerpo se había rendido ante el agotamiento extremo.

Había pasado horas llorando en un silencio absoluto, aferrada a la vasija de mármol como si fuera lo único que la mantenía anclada a la tierra. Verla así, tan pequeña y frágil, era una tortu
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