Naia
Llevaba un día entero sin saber absolutamente nada de Artem el silencio de su parte era como un ruido ensordecedor que no me dejaba descansar.
Cada vez que cerraba los ojos, la imagen de él saliendo de la casa de seguridad con los nudillos destrozados y bañados en sangre regresaba a mi mente su mirada gélida, su mandíbula apretada y esa aura de violencia contenida me perseguían.
No era solo el miedo a lo que él fuera capaz de hacer, sino la angustia de no saber si estaba vivo o si esa o