La mañana siguiente en Los Laureles amaneció con una tensión que no pudo ser disimulada. El aire parecía más pesado, cargado de un silencio incómodo y de miradas que evitaban cruzarse de manera natural.
Laura, aún con la sensación de calma que le dejó la conversación con Alex la tarde anterior, entró en la oficina con una sonrisa tímida, intentando mantener la compostura. Sin embargo, algo en el ambiente le advirtió que no todo sería tan tranquilo.
Desde que llegó, una sombra parecía seguirla,