Mundo ficciónIniciar sesiónLa historia se mueve en torno a Alex Caravasile, un CEO guapo y exitoso dueño de una empresa de maquillaje en la ciudad de Soapire en la capital de Venezuela. Aunque su éxito es innegable, su actitud arrogante y exigente ha hecho que su empresa tenga una alta tasa de rotación de asistentes personales. Después de buscar y despedir a varios candidatos, Recursos Humanos decide contratar a una joven llamada Laura Kim, quien no tiene experiencia alguna como asistente personal ya que es graduada con honores en Administración de Empresa y Finanzas, su impresionante inteligencia y habilidades en los negocios la llevarán a quedarse con el cargo. A pesar de su apariencia descuidada y falta de habilidades de maquillaje, Laura tendrá que pasar por muchos obstáculos incluso tener que enfrentarse a su jefe en algunas ocasiones.
Leer másLos días posteriores a la desaparición de Laura fueron una sombra densa que envolvió a Alex por completo. La ausencia en su hogar era un abismo insondable, y el silencio era más doloroso que cualquier discusión o traición. Durante las primeras noches, se despertaba esperando verla en el otro lado de la cama, con la sensación fantasma de su cuerpo junto a él. Pero cada vez que abría los ojos, la soledad le recordaba la verdad: Laura se había ido, y con ella, cualquier posibilidad de reconciliación. El peso emocional lo paralizó los primeros días, pero Alex siempre había sido un hombre de acción, un líder, alguien que, por naturaleza, encontraba la manera de avanzar, incluso en medio del dolor. Y entonces, después de semanas de silencio y duelo, tomó una decisión: regresar a su empresa. Cuando cruzó la puerta de Los Laureles, la compañía que él había construido desde sus cimientos, sintió una especie de alivio extraño. Era un entorno que conocía, un lugar donde cada decisión dependía
Las palabras de Alex, cargadas de una determinación protectora, fueron el golpe de gracia. "No puedo quedarme de brazos cruzados", había dicho, y con esa simple frase, firmó la sentencia de Laura. Cada una de sus promesas de seguridad, cada plan para investigar y encontrar a los "maleantes", era un paso más que él daba hacia el borde del abismo donde ella había escondido la verdad. Y Laura supo, con una certeza helada que le paralizó el corazón, que lo arrastraría con ella.Los días que siguieron fueron una lenta y silenciosa agonía. Laura se movía por el apartamento como un espectro, su sonrisa una máscara de cera que amenazaba con derretirse a cada instante. Observaba a Alex, quien, con una energía renovada por la ira y el deseo de protegerla, pasaba horas al teléfono. Hablaba con antiguos contactos, consultaba en internet sobre procedimientos de denuncia y leía noticias sobre la delincuencia en la zona. Cada pregunta que le hacía a ella era una tortura."Laura, ¿recuerdas exactamen
La pregunta de Alex, “No fuiste solo al supermercado, ¿verdad?”, colgó en el aire como una sentencia. Para Laura, fue el empujón final que la lanzó al abismo. El rostro de Daniel, lleno de desprecio, y ahora el de Alex, lleno de una preocupada lucidez, se fusionaron en su mente. La verdad era un veneno que aniquilaría a Alex, que destruiría la frágil recuperación que era su única obra de bien en un mar de engaños. No podía. Simplemente no podía.En el torbellino de pánico, su cerebro, en un acto de auto preservación tan desesperado como retorcido, tejió una nueva historia. Una mentira tan grande, tan terrible, que podría eclipsar la fea y patética verdad. La humillación que sintió a manos de Daniel se transformó, en su mente febril, en un miedo físico y mortal. Era una historia que justificaría sus lágrimas, su palidez, su terror.Levantó el rostro bañado en llanto, mirando a Alex con los ojos desorbitados de quien ha visto el horror.“Alex… yo…”, su voz se quebró, exactamente como lo
Las palabras de Daniel —“Vete, Laura. Esto ya terminó no te cabe en tu cabeza hueca? o te llamo a la policía por acoso ya me tienes cansado y obstinado parece una perra en celo que te andas regalando a cualquier hombre por ahí pareces la propia prostituta que se le regala a cualquier hombre, te arrastras para mendigar amor por una vez en tu hijo de puta vida quiérete y respétate”— no fueron un grito, sino un veredicto. Y por eso dolieron más. No hubo furia contra la cual luchar, no hubo un arrebato que pudiera interpretarse como pasión oculta. Solo había un final, tan frío y afilado como el borde de un cristal roto.Laura se quedó inmóvil en el umbral, sintiendo cómo el aire se escapaba de sus pulmones hasta que reacciono y le dio un par de bofetadas. “Eres un maldito Daniel como te atreves a decirme esas cosas, tu muy bien sabes como soy y que te he sido fiel pero no importa lo vas a lamentar, eres un tremendo hijo de puta, desgraciado.”Todas las súplicas que habían preparado, tod





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