Los primeros días en casa fueron un torbellino de emociones contenidas y pequeñas victorias. La rutina era una bendición frágil que Laura construía con esmero cada mañana.
El aroma del café recién hecho, el sonido suave de la radio, los ejercicios de fisioterapia que hacían juntos en la sala, convertida ahora en un gimnasio improvisado.
Cada vez que Alex lograba mantenerse en pie un segundo más, o recordaba el nombre de un actor en una película antigua, el corazón de Laura se llenaba de un orgu