La noche había caído con una tranquilidad engañosa sobre la ciudad, Laura, se dirigió a su casa, al llegar y entrar ve las luces tenues y un silencio que contrastaba con el caos vivido horas antes en “Los Laureles”. Caminó lentamente hasta la sala, donde su hermana, Sofía, ya la esperaba con una taza de té caliente en las manos, su rostro marcado por la preocupación.
“¿Estás bien?” —preguntó Sofía, levantando la vista al verla entrar—. “Te he estado llamando toda la tarde, no contestaste. Pensé