Elián era demasiado orgulloso, eso lo sabía Alyssa. Pero ella no podía comprender como era posible que él no pudiese retractarse en alguna de sus decisiones.
– ¿Sabes qué? Haz lo que quieras –Alyssa le dio la espalda a Elián un minuto, respirando profundo una vez más el aire fresco, justo antes de levantarse y encaminarse de nuevo hacia dentro de la casa, dejando atrás el anochecer que caía en su espalda–. Me iré a dormir.
Alyssa estaba ya abriendo la puerta, cuando escuchó las tablas del suelo