Cuando un grupo de soldados llegó en camionetas hasta Villa Aurora, Elián sonrió al ver el segundo bulto rosado del día en las manos de ellos. La pequeña cobija que embalaba a la hija de Artem y Alyssa fue pasada a los brazos de Darío e, inmediatamente, un llanto se alzó en el aire. El soldado no le dió ni una mirada de más a la bebé, sino que se lo presentó de inmediato a Elián.
Con algo de incertidumbre, Elián estiró sus brazos hasta sentir el ya familiar peso. La bebé estaba pálida, con rast