Capítulo 233

Habían pasado alrededor de tres horas y un poco más desde que la cuarta comida de Eros había pasado. Él casi no la tocaba, el temor de que estuviese envenenada o intoxicada con droga lo asechaba. Sin embargo, más que la comida, eran los constantes soldados que lo vigilaban lo que le atormentaba.

Su silenciosa vigilancia y las torturas.

Su cabello había sido cortado en formas desparejas. Su piel tenía múltiples laceraciones; ninguna profunda, pero que ardían al contacto contra las sogas. El hamb
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