El aparcamiento del hotel era extremadamente caluroso, Luke no paraba de abanicarse sin lograr tranquilizar un poco el sudor que le bajaba por la frente. Podía ser también, en parte, sus nervios, pero ella realmente se esforzaba por mantenerse serena dentro de su auto. Seguía esperando la llamada de Alberto, aunque debía admitir que tenía sus serias dudas sobre si habría señal bajo tantos pisos de cemento.
Ella miró con temor a sus guardias, Alberto le había asignado tan solo tres. Luke sabía q