Entrando al ascensor, bajo el intenso escrutinio de Blad, Alyssa levantó una mano hacia él—. No necesito tu protección, puedo ir por mi cuenta. Tú quédate aquí y cuida a Eros: él es la prioridad cero.
Schmidt solo asintió a la orden de su caporégime y volvió a su habitual posición frente a las puertas del ascensor. Con un suspiro, Alyssa bajó por el ascensor hasta descender al piso donde ella estuvo viviendo el primer mes tras regresar de Inglaterra.
El mismo piso donde todos los soldados vivía