—Ayúdame a esconder el cuerpo.
—¡¿Lo mataste?!
—¿Me ayudarás o no?
—¡Santo Dios!, ¡acabas de matarlo! ¿Ahora qué haremos?
Artem acababa de cerrar la puerta nuevamente con pestillo, para después inclinarse en el suelo y dejar sus dedos en el cuello del hombre. Su boca se torció en su ceño fruncido, luego miró a Alyssa, un poco de culpabilidad brillaba en sus ojos, y luego tiró al suelo los nudillos de material duro en el suelo.
—¿Qué haremos? Pues, yo creo que sumarlo a la lista —en sus manos to