Y, sin más indicaciones, Artem y Eros se dispusieron en distintas llamadas. Ambos charlaban solo cortas palabras, intercambiaban miradas cómplices que buscaban apoyo o confirmación en algunos casos, pero la mayoría del tiempo solo esperaron unos pocos segundos hasta que unos soldados vestidos de un gris oscuro de camuflaje entraron a la habitación tras la orden de Artem y se llevaron la alfombra.
Alyssa se preguntó si el hombre ahí seguía con vida, pero supuso que ellos lo averiguarían más tard