De nuevo, las cinco salieron en fila por las puertas del salón. Descalzadas, Alyssa sintió la humedad del césped bajo sus pies, la frescura del aire le golpeó el abdomen y los brazos, logrando erizarle el vello. Ella miraba con terror la cantidad de personas frente a ellas, quienes ya las habían notado llegar. Entre las miradas, estaban los ojos de complicidad de Alberto, quien logró alterar terriblemente la respiración y los nervios de Alyssa. Él estaba feliz con cómo estaban ocurriendo las co