Alyssa logró presionarlo hasta verlo removerse incómodo en su silla, teniendo que mover el cuello de su camiseta y tragar en grueso la saliva que se le había acumulado en la boca. Ella lo había hecho a sabiendas de que él no podría sacarla de allí o negarle seguir bailando, ya que se supone que ellos no se conocían. Y, segundo y más importante, no estaban en territorio de los Caruso, y él no mandaba allí.
Así que, fuera de Sacra Corona, Alyssa mandaba en su propia vida. Y ella había decidido ju