Capítulo 54. Parte 2 – Entre cenizas y promesas
Alexia:
A las siete de la mañana, el mundo parece haberse detenido en esta habitación de clínica. Tengo a mi hija en mis brazos y no dejo de llorar; es un llanto silencioso pero constante, una mezcla de alivio y un terror residual que no me abandona. El saber que estuvo en peligro, que unas manos extrañas y perturbadas la arrancaron de mi lado, me ha generado una aprehensión asfixiante. Miro su pequeño rostro y el miedo que llena mi cuerpo se queda ahí, estancado, recordándome lo vulnerable que puedo llegar a ser cuando se trata de mis hijas.
Máximo se ha ido a casa para darse un baño y cambiarse de ropa. Antes de salir, me dio un beso en la frente que se sintió como una promesa de protección. La doctora ha pasado temprano para decirme que, si todo sigue bien, me dará el alta por la tarde. Estoy ansiosa; cada minuto en este lugar me asfixia. Solo quiero largarme, cruzar las puertas de la mansión y empezar a planear el rescate de Amelia.
Una enfermera está conmigo a todas horas y, fue