Capítulo 54. Parte 2 – Entre cenizas y promesas
Alexia:
A las siete de la mañana, el mundo parece haberse detenido en esta habitación de clínica. Tengo a mi hija en mis brazos y no dejo de llorar; es un llanto silencioso pero constante, una mezcla de alivio y un terror residual que no me abandona. El saber que estuvo en peligro, que unas manos extrañas y perturbadas la arrancaron de mi lado, me ha generado una aprehensión asfixiante. Miro su pequeño rostro y el miedo que llena mi cuerpo se queda ahí, estancado, recordándome lo vulnerable que