El amanecer encontró a Sebastián en su oficina, aún revisando los documentos que Emma le había entregado la noche anterior. El peso de la traición de su padre lo presionaba como un yunque sobre los hombros. No era solo el sabotaje, sino la confirmación de que dentro de su propia empresa había personas vendidas a su padre, dispuestas a traicionarlo por un puñado de billetes.
Emma había dejado su departamento unas horas antes, pero su presencia aún rondaba en su mente. Desde que ella había irrump