La guerra no había terminado.
La sala se llenó de un silencio tenso, el tipo de silencio que ocurre antes de una tormenta. Todos los ojos estaban fijos en Aitana, y a pesar de la calma aparente, el ambiente estaba cargado de una energía que palpitaba bajo la superficie. Era evidente que el momento que había llegado no se podía dar marcha atrás. Gabriel, que hasta ahora había sido el líder indiscutido en el salón, se mantenía rígido, sus ojos evaluando a Aitana con una intensidad que nunca antes había mostrado. El mismo homb