Las luces de la ciudad titilaban en la distancia mientras Sebastián conducía por las avenidas desiertas de la madrugada. Su mente trabajaba a toda velocidad, procesando cada pieza de información que Emma le había proporcionado. La traición de su padre ya no era solo una sospecha: era una realidad tangible que amenazaba con destruir todo lo que había construido.
Su teléfono vibró en el asiento del copiloto. Sin apartar demasiado la vista del camino, lo tomó y miró la pantalla. Era Emma.
-Dime qu