A medida que las puertas de la sala se cerraron detrás de Aitana, el peso de la victoria no la alivió como esperaba. En lugar de la satisfacción inmediata, lo que sintió fue una avalancha de emociones que se mezclaban en su interior: un leve resquebrajamiento de su armadura emocional que había estado construyendo durante meses. Había ganado esta batalla, sí, pero la guerra seguía. Aun sabiendo que las pruebas estaban en sus manos, la incertidumbre sobre lo que vendría después no desapareció. La