Él asiente dándole la razón, nuevamente se siente mal por haberlo juzgado antes de escucharlo. A pesar de todo, él tenía sus secretos, pero por el hecho que quiere protegerla.
—También que prestar dinero es mal pagado —agrega y ella asiente.
—Entiendo, ¿Qué hora es? —Él alcanza su celular y lo prende.
—Son las tres y media de la tarde. —Ella se acuesta.
—Está bien. —Besa su pecho.
—¿Qué harás con el hermano de Sofía? —Trata de disimular sus celos.
—No comiences Ale, estamos bien, no lo arruines