—Son tus rasguños amor.
—¿Qué? — No entiendo y él me da un beso corto, luego se muerde el labio con gracia.
—Si amor, cuando te follo duro, me rasguñas la espalda y eso me excita demasiado. —Vuelve a besarme y me reí.
—No pueden ser solo los míos, seguramente de otras chicas también.
No puedo creer lo que dice él. Alessandro me sonríe y con su pulgar me toca mi labio inferior para sobarlo un poco.
—No nena, son solo tuyos, eres la única que dejé y que aún dejo que me rasguñe cuando follo. —Admi