••Narra Miranda••
El mundo se había vuelto un desastre de vientos huracanados durante un tiempo que sentí interminable.
Desde la seguridad del penthouse, Julián y yo habíamos visto cómo el huracán destrozaba la ciudad, arrancando techos, derribando árboles y sumiendo todo en un silencio sepulcral una vez que terminó. Era como si el huracán se hubiera llevado la voz y las ganas de vivir de las personas.
No se escuchaban los claxon de los autos, ni a las personas pidiendo auxilio, como si el