El sonido era terrible, lo admitía. Un aullido constante del viento que se colaba por cada rendija, acompañado por el golpeteo feroz de la lluvia contra las paredes blindadas de nuestra fortaleza. Tenía que decirlo, pero el sonido del viento me causaba escalofríos, me recordaba a un cántico de almas en pena.
En medio de ese caos acústico, mi teléfono vibró. Era un mensaje de Willy, quién estaba en las Bahamas junto a Arturo. ¿Cómo era que mi celular seguía teniendo señal?
"Hola Charlotte, ¡Vi