••Narra Charlotte••
El aire dentro de la iglesia era pesado, una mezcla de humedad, desinfectante y el olor dulzón de la comida que se repartía. Podía escuchar a niños llorando y a sus familiares tratando de calmarlos sin éxito. Eso me partía el corazón. No me imaginaba estando en una situación semejante, con mi pequeño bebé llorando de esa forma. La impotencia me abarcaba con solo pensarlo.
Repartía vasos con agua, pasándolas una a una a las familias que estaban sentadas o en el piso. Cada son