Capítulo 26: El precio de la independencia.
El reloj marcó las siete de la mañana cuando me desperté. Quería dormir un poco más, después de todo, no había mucho que hacer y de lo poco que me correspondía realizar, no me apetecía hacerlo.
Estaba en una encrucijada fatal entre el deber y la flojera. Pero el deber estaba ganando, en especial porque se me antojaba tomar una buena taza de café.
Me incorporé demasiado rápido. ¡Mi primer error del día! El dolor se apoderó de mi costado. Me llevé la mano al vendaje, soltando un alarido que no