Con prisa, me encerré en el baño, pasándole el seguro . Marqué el número de Julián. Mientras repicaba, no podía evitar dar vueltas en el lugar, llevarme la mano a la cabeza.
«Esto era mi culpa. ¡Mi puta culpa!»
Fui muy descuidada. Había sobornado al oficial de la cárcel para que no informara de mis visitas, pero se me olvidó añadir al trato a un posible abogado. Ahora el maldito informante había hecho el trabajo de sembrar la duda en Frederick y a tomar cartas en el asunto.
—Contesta… —supliq