Mi cabeza estuvo perdida en los últimos acontecimientos, que olvidé por completo la valiosa colección de cartas. Aquellas que llevaba un año sin abrir a pesar de que cada día me llegaba una distinta, desde la prisión. Hasta que me mudé a esta mansión.
Me quedé inmóvil, mirando los sobres, todos con mi nombre escrito a mano en una caligrafía que conocía demasiado bien.
Durante un año los ignoré. Un año exacto desde que fue arrestado, juzgado, condenado. Un año desde que supe que el hombre que me